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Aipeh Miami le da la bienvenida a Edmundo Villafañe Duarte

Nacido en Bordeaux, Francia en julio de 1.963. Profesión administrador comercial, su actividad profesional la desarrolla en el área de la comunicación social y el campo de la publicidad. Presidente de la empresa publicitaria J.28 Publicidad, dedicada a comunicación corporativa, con 25 años de fundada en Barquisimeto. Presidente de la firma Premier Promoción e Imagen, en Venezuela y Premier Promotion & Image, en Los Estados Unidos, filiales especializadas en la elaboración, comercialización y distribución de material promocional publicitario POP.

Editor fundador de la revista mensual Cocktail, dedicada a la divulgación y exaltación de valores y actividades culturales, así como de eventos sociales, corporativos y personales.

Ha dedicado buena parte de su tiempo a la actividad gremial. Fundador y primer presidente de la Asociación de Publicistas del estado Lara, Venezuela (APLA). Ha sido director de la Asociación de Ejecutivos (ARDE). Miembro de la Cámara de Comercio del estado Lara, director principal del centenario de su fundación. Miembro de la Cámara de Comercio Venezolano-Americana en Miami, Florida.

 

Desde los primeros días del año, Susan había comenzado los preparativos para lo que sería un importante evento social en Marietta, una pequeña ciudad perteneciente al condado Cobb, ubicada a solo quince millas al noroeste de Atlanta la capital del estado apodado de varias maneras; Estado del durazno, de los Cuáqueros en referencia a su pasado, del imperio del sur, de los Yankis del sur, pero el usado hasta de manera oficial es “Goober State” Refiriéndolo así por su producción de maní. Georgia es el productor número uno de maní del país, con aproximadamente el 45 por ciento de su superficie cultivada con este rubro. Condados enteros a dedicación exclusiva por décadas, como es el caso de Sumter, donde la famosa familia Carter a entregado su vida a éste cultivo. Marietta con solo 23 kilómetros cuadrados, es una de las ciudades más pobladas de Georgia. Considerada una de las diez mejores comunidades en la nación y uno de los 25 mejores lugares en los Estados Unidos para retirarse.

Susan disfrutaba cada uno de los más de dos acres de extensión de su propiedad, una pequeña finca cerrada a decir de sus amigas. Hermosa casa con piscina y fuente de agua, cancha de tenis, dos plantas con ascensor, una sala multimedia, un gimnasio con sauna, cuarto-estudio y una bodega. Seis habitaciones con sus propios baños, más uno completo en la planta alta y uno y medio abajo. 6 chimeneas, un garaje de cuatro puestos, aire acondicionado y calefacción central. Dos cocinas gourmet, iluminación Muráno y Baccarat. Los más finos acabados en todas partes. Esto es realmente una parte de ¡Una casa de clase! La entrada, antes del portón principal, dos inmensos tigres asiáticos blancos en mármol la custodian. Seguido a los lados sus jardines simétricos, dos pinos flanquean el acceso, una fuente en medio haciendo una especie de rotonda antes de llegar a la fachada. La parte de atrás de la casa consta con el engramado perfecto y dos pequeños bosques de palmeras a los lados de una piscina de dieciséis por seis metros, con sillas, sombrillas y tumbonas. Al fondo un tinglado estilo costa azul, donde está el bar, cuartos de descanso, baños y vestier para el área de piscina. Más al fondo, una tupida arboleda. Adentro, el gran salón de la altísima sala de entrada, muestra el largo balcón interno en semi-círculo con barandilla negra y las dos largas escaleras gemelas en curvatura de mayor a menor hasta el segundo piso, donde se topan. Al fondo de éste salón, la antesala del cuarto de estudio y un gran ventanal que da hacia los jardines de la piscina. Tanto el exterior, como el interior está construida y decorada la casa al estilo mediterráneo.

Casi un mes de preparativos estaba a punto de concluir con el acto sacramental de la primera comunión, y para ello ultimaba detalles con el padre John de la iglesia La Sagrada Familia ubicada en el 3401 de Lower Roswell Rd., de la cual no solo era una de la más fervientes feligresas, sino que además la más colaboradora activa y económicamente. Susan quería que este acto aportara un significado especial a la vida de su hijo Timothy, quien, justo el día de su primera comunión, cumpliría diez años. Imposible de olvidar aquellos terribles acontecimientos que le habían tocado vivir, diez años de haber perdido a su marido, de casi perder a su hijo de no haber sido… Suspiro y miro al cielo mientras conducía hacia el noreste por Lower Roswell Road, rumbo a casa en el número 39 de Clubland Drive.

De no haber sido por aquella mujer, de quien no tenía absolutamente ningún dato, ni un recuerdo de su rostro, nada, solo el comentario de un botones de hotel, que aseguró que una señora, con su niño en brazos, le aviso que en el quinto piso una mujer necesitaba ayuda. De esto se habría enterado tres días después, antes de partir de vuelta a Atlanta, cuando regresó al hotel para aguardar la confirmación de la embajada, que el cuerpo de su marido ya había sido enviado y no había más trámites legales pendientes en referencia a ese asunto y esperar la expedición del pasaporte provisional de su pequeño Timothy. También aprovechó para indagar, sobre quien la habría ayudado el día del parto. El joven botones solo pudo aclararle que, tras haber tenido el ligero contacto con la señora que en ese momento salía del hotel, de inmediato dio aviso al recepcionista de turno para que llamara a los bomberos y subió a toda carrera para enterarse de lo sucedido.

─ Al encontrarla allí, con su niño sobre el vientre, imaginé que la joven señora le había ayudado en el parto, revise el niño y pude notar que estaba bien, con el ombligo cortado y un gancho de pelo sujetándole el sobrante, volví a colocarle encima de usted y los cubrí a ambos con la misma manta que los hallé. Lo demás fue esperar a los paramédicos.

Los paramédicos atendieron a Susan y a su bebe, al ver que estaban en buenas condiciones, que solo necesitarían un poco de atención primaria y, debido a la gran cantidad de llamados producto de los recientes acontecimientos, revisaron someramente el entorno, concluyendo que, habiendo solo un saco coriónico, placenta y bolsa, todo estaba en orden… De haber revisado un poco más, habrían visto el cordón adicional que quedo dentro del resto de material placentario.

─ Dios mío, hace ya diez años de aquel terrible día, terrible pero a la vez maravilloso día, un ángel que vino del cielo nos salvó a mi hijo y a mí –hablaba en voz muy baja para sí misma la pobre Susan, con sendas lagrimas rodando mejillas abajo, quien a la vez recordaba que ese mismo día su esposo había perdido la vida… La ambición lo había matado… Aquella ciudad, Caracas, se lo había tragado…

Luego de lo sucedido, Susan se había enterado en profundidad de todos los negocios turbios de su marido y según como fue pudiendo se encargó de todo y tras salirse de aquel sórdido mundo, recuperar gran parte de los capitales en eso invertidos y gran parte de los fondos depositados secretamente en paraísos fiscales para escabullirse de la justicia y el IRS, además de hacer interminables e inmensos pagos a hacienda, con mucho esfuerzo había logrado adecentar la gran fortuna. Tras hacer importantes inversiones, especialmente en la industria del maní, la había hecho crecer también. De tal manera que ahora no solo le permitía vivir bien, muy bien, cómodamente, con decencia y tranquilidad, sino que también le permitía hacer el bien a otras personas, a través de su iglesia y de “Saint Timothy Foundation”, fundación que había creado y dirigía personalmente con mucho atino.

El gran día llegó, a pesar de ser lunes, el padre John Callahan había convenido en celebrarle a Tim solo, su primera comunión, sobre todo por complacer a Susan, quien se había sabido ganar su buena voluntad, siendo la mejor patrocinante de las obras de la iglesia y por haber pagado, generosamente, los aranceles que este tipo de excentricidades acarrean. Susan estaba que estallaba de felicidad, celebrarían los primeros diez años de Tim, a quien, a su corta edad ya le gustaba exigir ciertas cosas, una era no celebrar el cumpleaños en otro día que no fuera el exacto, y lo celebrarían a lo grande, tanto en la tierra como en el cielo. En la tierra sus más de doscientos invitados disfrutarían del maravilloso ágape que había preparado, con motivo de la doble celebración. En el cielo, porque se sentía feliz de poder hacer el bien a cuanta persona podía y encima de todo eso, hoy su pequeño Tim, comulgaba por vez primera con Dios bajo la fe de su madre.

Veinticinco mesas redondas, con capacidad para diez personas cada una fueron dispuestas en los jardines aledaños a la piscina, la grama había sido especialmente trabajada y hasta deshumedecida para brindar la mayor comodidad al caminar de los asistentes, los arbustos podados con diferentes formas, algunas religiosas, las flores cuidadosamente rociadas para que se mantuvieran muy frescas durante la fiesta. Todas las mesas fueron vestidas con blancos manteles, con adornos bordados finamente y las sillas forradas con faldellines blancos y listones en forma de lazos en satén perla nacarado, la agencia de festejos se había esmerado en ofrecer sus mejores telas en esta fiesta. Como centro de mesa, hermosos candelabros de acero inoxidable pulido y grabados con el motivo, la fecha y el nombre del chico. Dos estaciones de quesos, pan, galletas y miel, en simbología con los alimentos cristianos, se disponían a cada lado del jardín, un mesón central al fondo contenía cantidad de pequeños dulcitos dispersos en toda la mesa y al centro un gran pastel blanco, con adorno de un catecismo abierto y un rosario hechos en pastillaje.

Luego de la ceremonia en la iglesia La Sagrada Familia, donde asistieron por razones de espacio solamente los familiares y amigos más cercanos, se dirigieron a la casa de Susan, donde les esperaban el resto de los invitados, entre los cuales se encontraba el Alcalde Mayor y el Alcalde de la ciudad, el Juez presidente de la Corte Suprema del estado y la ausencia del gobernador solo se debió a asuntos de fuerza mayor en Washington. La asistencia fue masiva y todos los comensales disfrutaron de los deliciosos platillos ofrecidos, así como de las bebidas no-alcohólicas y el abundante y espumante champagne, con la que se brindó y se continuó celebrando. Un delicioso almuerzo sería servido, compuesto de cordero en salsa de manzana honeycrisp, ensalada campesina y puré de patatas granjeras. Completaba aquella estupenda conmemoración, la suave música ofrecida por dos bandas que se alternaban en la tarima, brindando un extenso repertorio de música sureña, blues y jazz.

Susan con inmensa tranquilidad veía feliz, a Tim correr por el pasto junto a sus amigos, quienes seguramente jugaban a policías y ladrones o indios y vaqueros, se perseguían dando carreras de un lado a otro. Su felicidad radicaba más en el hecho de poder ella proporcionarle ese bienestar, esa seguridad, esa forma de vida, pero que no se trataba exclusivamente del dinero, no, pensaba ella en ese momento en la vida que seguramente su padre no hubiera podido proporcionarles, pero que ella, sola, haciendo todo lo que a su alcance estuviera le daba la estabilidad emocional que todo niño necesitaba para desarrollarse anímicamente. Su madre Roxanne, empero, le decía incluso que estaba sobreprotegiéndole, que a la larga pagaría con sufrimiento y lágrimas esa forma de crianza que le estaba dando a Tim. – No puedes estar encima de él a todo momento, pendiente de, si comió o no, si ensucio su ropa o permanece limpio, déjalo vivir y desarrollarse –permanentemente le decía. Ella en cambio sentía que era lo correcto y, debido a las circunstancias en las que nació, era su deber protegerlo al máximo.

Sumida en esos pensamientos, con una copa en la mano y en medio de varias amigas en rededor, pero sin poner cuidado a sus conversaciones seguramente triviales, veía a su hijo corriendo, con un chico a pocos metros de su espalda, jugaba a capturarle seguramente y con el dedo índice de la mano derecha apuntándole y el dedo pulgar levantado en forma de gatillo, hacia el movimiento de disparo. Tim levantó los brazos, arqueó la espalda hacia adelante, levanto la cara en señal de dolor intenso, detuvo la carrera casi parándose en la punta de sus pies… Luego cayó al suelo… sus amigos empezaban a agruparse en su entorno, algunos reían, pero otros se agachaban para tratar de oír lo que les decía, mientras se retorcía un poco y llevaba una mano a su costado, tocándose con fuerza y gritando ya, con evidente dolor.

Susan, quien había seguido la escena de la persecución, le resultaba fantástica y muy bien dramatizada la parte en la que el chico recibía el imaginario disparo de su amigo, detenía su carrera y luego caía vencido por el ficticio impacto. Sin embargo el ver a los amigos arremolinarse en torno a él, y los movimientos prolongados del chico en el pasto encendieron las alarmas de madre. Espero disimulando unos segundos que se hicieron interminables, una expresión de pánico y horror se dibujó en su rostro al alcanzar escuchar un grito de dolor, leve por la distancia, de su hijo, su pequeño Tim, que se revolcaba en el suelo sin que nadie pudiera hacer nada por él.

Los únicos pensamientos que a su mente acudieron fueron los de su marido y sus negocios turbios… Pensaba que todo aquel oscuro pasado había quedado atrás, enterrado en el fango del cual había surgido toda aquella vida pasada… Pero no, parece que algo de ese pasado volvió, una venganza pendiente, alguien afectado en aquella época… ¿Qué es esto ¡Dios mío!? La maldad está nuevamente presente y reiteradamente se ensaña en contra nuestra… Mi hijo… No… No mi Tim…

─ ¡Nueve once… Nueve once! –gritaba a sus amigas, mientras emprendía la carrera, atropellando a una de ellas y soltando la copa que se estrellaba en el suelo.

Las zapatillas resbalaban en el pasto y a ella le parecía que no avanzaba en su carrera.

─ Alguien llame al nueve once… ¡Mi hijo se muere! –volvía a gritar y pensaba que nadie le oía.

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